No perdamos el tiempo leyendo psicoanálisis de “historias de vida”

Leonardo Da Vinci

Otras interpretaciones basadas en suposiciones lo encontramos en el analisis sobre la infancia de Leonardo da Vinci, o sobre los factores que incitaron a Lutero a “comportarse como lo hizo”.

Este problema implica el método que usa el psicohistoriador para inventar los hechos de la infancia de un sujeto antes de mostrar que estos hechos sean la causa de la conducta adulta. Uno puede leer montones de escritos psicohistóricos sin nunca encontrar evidencia de que el autor no hizo más que tomar la teoría psicoanalítica como un dato científico innegable. Si la teoría psicoanalítica es tal clave, entonces por lo menos algunas de las debilidades inherentes a los problemas de hechos y de lógica debieran disiparse. Pero no es así.

El libro de Freud sobre Leonardo da Vinci, que fue publicado en 1910 y es considerado como el primer ejemplo verdadero de análisis psicohistórico. Stannard comenta:

Dentro de sus limitados alcances este trabajo contiene algunos de los más brillantes ejemplos de por qué la psicohistoria puede llegar a ser tan estimulante: percepción, conocimiento, sensibilidad, y, sobre todo, imaginación. También contiene algunas de las más claras ilustraciones de las trampas en esta clase de trabajos: está deslumbrantemente separado de los más elementales cánones de la evidencia de la logica y, sobre todo, del control de la imaginación.

 

Problemas de hecho, naturalmente, constituyen un conjunto claramente obvio, que se relaciona con lo que muchos consideran el trabajo principal del historiador, es decir, descubrir exactamente lo que sucedió en el pasado. Los psicoanalistas, en el asunto de la «psico-historia» tienen tendencia a inventar y, por la interpretación, sugerir lo que debió haber sucedido, y luego continuar como si lo que ellos han construido hubiera sucedido realmente.

La reconstrucción freudiana de la infancia de Leonardo es un ejemplo claro de esto; su reconstrucción se basa  en interpretaciones erróneas de hechos no existentes, y sus sugerencias, tales como la ausencia de influencia paterna en Leonardo, han sido descalificadas por la investigación moderna. Como ejemplo suplementario, consideremos el trabajo de Erik Erikson, que es generalmente considerado como la luminaria entre los psico­historiadores.

En su libro sobre «El Joven Lutero», Erikson escoge un acontecimiento clave en la vida de un sujeto, de manera parecida a como Freud se concentró enla supuesta Fantasíadel «buitre» en la interpretación de la vida y comportamiento de Leonardo Da Vinci. En la historia de Erikson, Lutero estaba sentado en el coro del monasterio de Erfurt cuando oyó la lectura del evangelio que se refería al exorcismo de un endemoniado sordomudo. Cayó al suelo «y rugió con la voz de un toro: ¡No soy yo! ¡No soy yo!». Erikson interpreta esto como « la protesta pueril de alguien que ha sido insultado o caracterizado con adjetivos desagradables, en este caso, sordo, mudo, endemoniado».

Lutero

La descripción psicoanalítica que hace Erikson del desarrollo de la infancia de Lutero requiere que el joven Martín tenga un padre ruin y tiránico, con objeto de que la áspera imagen que el joven tenía del «padre de los cielos» pudiera ser considerada como una proyección de su padre terrenal. Ahora bien: no se conoce prácticamente ningún hecho de la infancia de Lutero, de manera que el esquema de Erikson debe ser fabricado prácticamente a partir de la nada, haciendo interacciones abusivas de dos relatos que pretenden que una vez le pegó su madre y otra su padre. El primero de tales relatos indica, no obstante, que la madre tenía buenas intenciones, y el segundo que posteriormente el padre hizo grandes esfuerzos para recuperar el afecto del muchacho. Pero, ciertamente, incluso esas referencias son muy dudosas, toda vez que fueron recogidas por sus alumnos cuando él tenía cincuenta años, aparecen en diferentes versiones, y nunca fueron revisadas por el propio Lutero. Además, como observa Stannard:

Erikson afirma luego que sería «interesante saber si en ese momento Martín rugió en latín o en alemán. Tal como comenta secamente Stennard:

“Sería, de hecho, más interesante saber si rugió realmente. Es probable, considerando la calidad de la evidencia, que no rugió. La evidencia para el «incidente del ataque en el coro» es un trocito de murmuración filtrada a través de varios niveles de rumores y promocionada enteramente por enemigos declarados de Lutero. Que Erikson airee el incidente y lo utilice como un acontecimiento clave en el primer capítulo analítico de su libro es, como observa un teólogo, como citar seriamente y debatir extensamente un informe sobre Freud cuya única fuente fuera un relato de antisemitas nazis, publicado por uno de ellos al oír un testimonio de cuarta mano”

Esta evidencia inconsistente y anecdótica es muy poca cosa si se la compara con el abundante material indicativo de que en el hogar del joven Lutero imperaba el amor y el respeto. Es esta clase de exageraciones ante una evidencia patentemente contradictoria lo que ha llevado incluso a las más abiertas y tolerantes autoridades en Lutero… a referirse a las «violentas distorsiones» de Erikson, a su «cúmulo de exageraciones y especulaciones sin fundamento». En ambos casos, sus críticos no eran en absoluto, enemigos de la idea de la psico-historia, pero insistían, simplemente, en que «una pirámide de conjeturas» era una base insuficiente para un esfuerzo de esa índole, porque como (uno de ellos) dijo, basta, simplemente, con ceñirse a los hechos.

Este es el problema con la contribución de Freud en todos los campos; los hechos nunca son presentados como hechos, sino que están siempre imbricados con especulaciones, interpretaciones, sugerencias y otras clases de materiales no-fácticos

Así fue realmente el CASO HANS. (Complejo Edipo)


A principios de enero de 1908 el padre escribió a Freud que Hans, que entonces tenía cinco años, había desarrollado «un desarreglo nervioso». Los síntomas que describía eran de temor a salir de casa, depresión al atardecer, y miedo a que un caballo le mordiera enla calle. Elpadre de Hans sugirió que «el terreno fue preparado por sobre-excitación sexual causada por la ternura de su madre» y el miedo al caballo «parece, en cierta manera, estar relacionado con haberse sentido amenazado por un gran pene».

El primer síntoma apareció el 7 de enero cuando Hans era acompañado al parque, como de costumbre, por su niñera. Empezó a llorar y dijo que quería «acariciarse» con su madre. En casa, al preguntarle por qué no había querido llegar hasta el parque «se puso a llorar pero no quiso decirlo». El siguiente día, después de protestas y lloros, salió con su madre. Al volver a casa, Hans dijo después de muchas vacilaciones, tenía miedo de que un caballo me mordiera. Igual que el día anterior, Hans tuvo miedo al atardecer y pidió ser «acariciado». También dijo: «Ya sé que tendré que volver a salir de paseo mañana» y «el caballo entrará en la habitación». El mismo día su madre le preguntó si se tocaba el pene conla mano. Elrespondió que sí, y el día siguiente su madre le dijo que se abstuviera de hacerlo.

El análisis para este caso no se basó en nada que él mismo hubiera descubierto, sino en algo que le dijo el padre del pequeño Hans, que estaba en contacto con Freud a través de informes escritos regulares. El padre tuvo varias conversaciones con Freud a propósito de la fobia del pequeño Hans, pero en el curso del análisis ¡Freud sólo vio al muchachito una vez!. Esta es una curiosa manera de llevar a cabo un tratamiento y de poner las bases para el análisis del niño, aun cuando pocos analistas hayan encontrado extraño ese procedimiento.

En este punto Freud dio una interpretación de la conducta de Hans y se puso de acuerdo con el padre del niño para que le dijera que su miedo a los caballos era absurdo, y que la verdad era que tenía mucho afecto a su madre y quería que ella se lo llevara ala cama. Larazón de su miedo a los caballos se debía a que «él se había interesado tanto por sus penes». Freud también sugirió que se le explicaran ciertas materias sexuales a Hans y se le dijera que las hembras «no tenían penes». Después de esto, hubo algunos altibajos pero, en conjunto, la fobia empeoró, y aún se deterioró más la salud del niño una vez se le extrajeron las amígdalas.

Cuando se recuperó de su enfermedad física, Hans tuvo muchas conversaciones con su padre a propósito dela fobia. Elpadre sugirió que debía haber una relación entre la fobia y las habituales masturbaciones del pequeño Hans, enfatizando el punto de que las muchachas y las mujeres no tenían pene y tratando, en general, de adoctrinar al pequeño Hans con teorías psicosexuales sobre el origen de su neurosis. Nos llevaría demasiado profundizar en todos los detalles, pero, el 30 de marzo, el niño fue llevado a la consulta de Freud quien halló que Hans continuaba sufriendo de una fobia contra los caballos, a pesar de toda la instrucción sexual que se le había dado. Hans explicó que se hallaba especialmente preocupado «por lo que los caballos llevan en frente de sus ojos y por el color negro alrededor de su boca». Freud interpretó esto último como significando un bigote. «Le pregunté si quería decir un bigote»; luego le dijo a Hans que estaba «atemorizado por su padre» precisamente porque éste «sentía mucho afecto por su madre». Le hizo observar a Hans que su miedo a su padre no tenía fundamento.

Un poco más tarde, Hans dijo a su padre que le daban mucho miedo los caballos con «una cosa en su boca», que temía que los caballos se fueran a caer, y que lo que le daba más miedo eran los autobuses de tiro caballar. Respondiendo a una pregunta de su padre, Hans contó entonces un incidente que había presenciado. Los detalles fueron, luego, confirmados por su madre. Según el padre, la ansiedad se desarrolló inmediatamente después de que el pequeño Hans fuera testigo de un accidente de un autobús de tiro caballar, en el cual uno de los caballos se cayó. Aparentemente, las «cosas negras alrededor de sus bocas » se referían a los bozales que llevaban los caballos.

Durante todo este tiempo el padre estuvo tratando de imbuir ideas psicoanalíticas en el niñito, haciendo sugerencias que Hans generalmente rechazaba, aunque a veces se mostraba de acuerdo ante la presión del padre. El pequeño Hans eventualmente sanó, tal como era de esperar, del relativamente ligero grado de fobia que padeció. No hay prueba alguna de que las interpretaciones psicoanalíticas que se le dieron le ayudaran en nada, y no hay relación entre las épocas en que mejoró y las épocas en que pareció obtener la «percepción» de su condición.

En primer lugar, el material ha sido claramente seleccionado; se presta la máxima atención a temas que pueden ser relacionados con la teoría psicoanalítica, mientras hay una tendencia a ignorar otros hechos. El mismo Freud hizo notar que el padre y la madre se encontraban, ambos, «entre mis más íntimos seguidores», y resulta claro que Hans fue constantemente animado, directa e indirectamente, a decir cosas que se relacionaran con la doctrina psicoanalítica.

En segundo lugar, está claro que el relato, del padre es altamente sospechoso, porque sus interpretaciones de lo que dice el niño no están claramente justificadas por los hechos de la situación, o las palabras usadas por el pequeño Hans. Hay muchas distorsiones en el informe del padre, y debe ser leído con suma cautela.

Además, el testimonio del mismo Hans es dudoso. Dijo numerosas mentiras en las últimas semanas de su fobia, y dio muchos informes inconsistentes y ocasionalmente contradictorios. Lo más importante de todo, además, es que muchas de las impresiones y sentimientos atribuidos a Hans, pertenecen en realidad a su padre, que pone palabras en su boca. El mismo Freud admite esto, pero trata de disculparlo. Y dice:

Es cierto que durante el análisis a Hans debieron decírsele muchas cosas que no podía decir él mismo, que debieron sugerírsele pensamientos que hasta entonces no había dado señales de poseer, y que su atención debió ser dirigida en el sentido en que su padre esperaba obtener algún resultado. Esta disminuye el valor probatorio de los análisis, pero el procedimiento es el mismo en cada caso, porque el psicoanálisis no es una investigación científica imparcial, sino una medida terapéutica.

Así Freud parece estar de acuerdo con sus muchos críticos que dicen que «el psicoanálisis no es una investigación científica imparcial» y esta idea lo penetra hasta tal grado que posiblemente su valor probatorio quede reducido a cero.

La interpretación de Freud de la fobia de Hans es que los conflictos edípicos del niño forman la base dela enfermedad. Dice:

Había tendencias en Hans que ya habían sido reprimidas, y para las cuales, hasta lo que podemos decir, nunca habían podido encontrar expresión inhibitoria: sentimientos de hostilidad y de celos contra su padre, e impulsos sádicos (premoniciones, en este caso, de copulación) hacia su madre. Tales supresiones primitivas tal vez llegaron a crear la predisposición para su subsiguiente enfermedad. Estas propensiones agresivas de Hans no encontraron salida, y tan pronto como llegó un tiempo de privación e intensificada excitación sexual, trataron de salir al exterior con redoblada fuerza. Fue entonces cuando la batalla que llamamos su «fobia» estalló.

Esta es la familiar teoría de Edipo, según la cual Hansdeseaba reemplazar a su padre, al que no podía dejar de odiar como a un rival, y luego completar el acto sexual tomando posesión de su madre. Como confirmación, Freud se refiere a «otro acto sistemático acaecido como por accidente», que implicaba «la confesión de que él hubiera deseado ver muerto a su padre»… «Justo en el instante en que su padre estaba hablando de su muerte, Hans dejó caer al suelo un caballo de juguete con el que estaba jugando… de hecho lo hizo adrede ». Freud pretende que «Hans era realmente un pequeño Edipo que quería ver a su padre fuera de su camino, suprimirle, de manera que él pudiera quedarse sólo con su guapa madre y dormir con ella». La predisposición a la enfermedad aportada por el conflicto de Edipo es la que se supone que puso la base para «la transformación de su deseo libidinoso en ansiedad».

¿Cuál es el eslabón entre todo esto y los caballos?. En su única entrevista con Hans, Freud le dijo al niño que éste tenía miedo a su padre porque sentía celos y hostilidad contra él. Dice Freud: «Al decirle esto interpreté parcialmente su temor de que los caballos se cayeran; el caballo debe ser su padre… al que él tenía buenas razones internas para temer». Freud dijo que el miedo de Hans a los bozales de los caballos y a sus anteojos, se fundamentaba en los bigotes y las gafas, había sido «directamente transpuesto de su padre a los caballos». Los caballos «representaban a su padre». Freud interpretó el elemento agorafóbico de la fobia de Hans así:

Su fobia le imponía muchas restricciones en libertad de movimientos, y tal era su propósito… después de todo, la fobia de Hans por los caballos era un obstáculo para que él saliera a la calle, y podía servir como un medio de permitirle permanecer en casa con su amada madre. De esta manera, pues, su afecto por su madre logró triunfalmente su objetivo.

Freud en este caso no está corroborada por los datos, tanto en particular como en conjunto. Los puntos principales que él considera como demostrados son estos:

(1). Hans sentía un deseo sexual hacia su madre.

En realidad,  Hans derivaba satisfacción de su madre y le complacía su compañía no vamos siquiera a intentar negarlo. Pero en ninguna parte se observa prueba alguna de su deseo de copular con ella. Las «premoniciones instintivas» son consideradas como un hecho evidente, aún cuando no se da ninguna prueba de su existencia.

(2). Él odiaba y temía a su padre y deseaba matarle.

En realidad: No habiendo nunca expresado miedo ni odio hacia su padre, Freud le dijo a Hans que experimentaba tales emociones. En ocasiones posteriores Hans negó la existencia de tales sentimientos cuando su padre le interrogó sobre ello. Eventualmente respondió «sí» a una aseveración de este tipo hecha por su padre. Esta simple afirmación obtenida después de una presión considerable por parte de su padre y de Freud es aceptada como algo definitivo y todas las negativas de Hans son ignoradas. El «acto sintomático» de derribar el caballo de juguete es tomado como una prueba suplementaria de la hostilidad de Hans hacia su padre. Hay tres suposiciones en la base de este «acto interpretado»: primero, que el caballo representa al padre de Hans; segundo, que el derribo del caballo no es accidental, y tercero que este acto indica el deseo de la supresión de lo que el caballo simboliza, sea lo que fuere. Hans negó repetidamente la relación entre el caballo y su padre. Aseguró que le daban miedo los caballos. El misterioso color negro alrededor de la boca de los caballos y las cosas en sus ojos se descubrió luego, por el padre, que eran los bozales y anteojeras de los caballos. Este descubrimiento mina la sugerencia, hecha por Freud, de que se trataba de bigotes y gafas transpuestos. No hay ni una sola prueba de que los caballos representaran al padre de Hans. La suposición de que el derribo del caballo de juguete tenía un significado y que fue impulsado por un motivo inconsciente es, como la mayoría de ejemplos similares, un punto discutible.

Como no hay riada que apoye las dos primeras suposiciones hechas por Freud al interpretar este «acto sintomático», la tercera suposición (que ese acto indicaba el deseo de la muerte de su padre) es insostenible; y debe ser reiterado que no hay evidencia independiente de que el niño temiera u odiara a su padre.

(3). Su excitación sexual y su deseo hacia su madre se transformaron en ansiedad.

En realidad: La tercera aseveración de Freud es que la excitación sexual de Hans y el deseo por su madre se transformaron en ansiedad. Esta aseveración se basa en el aserto de que «las consideraciones teóricas requieren que lo que hoy es el objeto de una fobia ha debido ser en el pasado una fuente de un alto grado de placer». Ciertamente tal transformación no se deduce de los actos presentados. Como se ha dicho anteriormente, no hay evidencia de que Hans deseara sexualmente a su madre. Tampoco hay evidencia de cambio alguno en su actitud hacia ella antes de la aparición dela fobia. Auncuando es posible que, hasta cierto punto, los caballos previamente fueran una fuente de placer, en general la opinión de que los objetos fóbicos hayan sido fuente de placeres con anterioridad es ampliamente contradictoria por la evidencia experimental.

(4). Su miedo a los caballos era un símbolo de su miedo a su padre.

En realidad:  La aseveración de que la equino-fobia de Hans simbolizaba un temor a su padre ya ha sido criticada. La supuesta relación entre el padre y el caballo es indemostrable y parece haber surgido a causa de la extraña incapacidad del padre para darse cuenta de que por «el color negro alrededor de la boca» Hans se refería a los bozales de los caballos

(5). El propósito de la enfermedad era permanecer cerca de su madre.

En realidad: La cuarta aseveración es que el propósito de la fobia de Hans era permitirle estar cerca de su madre. Aparte de la muy discutible opinión de que los desarreglos neuróticos ocurren con un propósito, esta interpretación es errónea debido al hecho de que Hans experimentaba ansiedad incluso cuando salía a pasear con su madre.

 (6). Y, finalmente, su fobia desapareció porque resolvió su complejo de Edipo.

En realidad.: Finalmente, se nos dice que la fobia desapareció a resultas de la solución de los conflictos edípicos de Hans. Como hemos intentado demostrar, no hay evidencia adecuada de que Hans tenía un complejo de Edipo. Además, la pretensión de que este supuesto complejo se solucionó se basaba en una simple conversación entre Hans y su padre. Esta conversación es un ejemplo flagrante de lo que el mismo Freud refiere como que a Hans se le debían de decir muchas cosas que él no sabía expresar, que debieron sugerírsele pensamientos que hasta entonces no había dado señales de poseer, y que su atención debió ser dirigida en el sentido en que su padre esperaba obtener algún resultado

No hay, tampoco, prueba satisfactoria de que las «percepciones» que constantemente eran presentadas a la atención del niño tuvieran valor terapéutico alguno. La referencia a los hechos del caso muestra sólo ocasionales coincidencias entre interpretaciones y cambios en las reacciones fóbicas del niño… De hecho, Freud basa sus conclusiones enteramente en deducciones de su teoría. La posterior mejoría de Hans parece haber sido suave y gradual y no afectada por las interpretaciones. En general, Freud infiere relaciones de una manera científicamente inadmisible: si los esclarecimientos o interpretaciones dadas a Hans preceden a mejorías de conducta, entonces son automáticamente aceptadas como válidas. Si no son seguidas por mejorías se nos dice que el paciente no las ha aceptado, pero no que son inválidas. Discutiendo sobre el fracaso de estos primeros esclarecimientos, Freud dice que en cualquier caso el éxito terapéutico no es el objetivo primario del análisis (desviando así el fin y contradiciendo su anterior afirmación de que el psicoanálisis es una medida terapéutica, no una investigación científica). Freud no deja de pretender que una mejoría es debida a una interpretación incluso cuando ésta sea errónea, por ejemplo, la interpretación del bigote.

¿Cómo, pues, debería interpretar el psicólogo moderno los orígenes de la fobia de Hans?. Puede pues suponerse que el incidente a que se refiere Freud como la simple causa excitatoria de la fobia fue, de hecho, la causa de todo el problema, es decir, el momento en que ocurrió el accidente callejero y el caballo cayó. Hans dice, textualmente: «No. Sólo la tuve (la fobia) entonces. Cuando el caballo y el autobús cayeron, realmente, ¡me asusté mucho!. Entonces fue cuando pasó esto». El padre dice: «Todo esto fue confirmado por mi esposa, así como el hecho de que la ansiedad apareció inmediatamente después. «Además, el padre pudo informar sobre otros dos incidentes desagradables que Hans tuvo con caballos, antes de la aparición dela fobia. Esprobable que tales incidentes hubieran sensibilizado a Hans con respecto a los caballos o, en otras palabras, que ya hubiera sido parcialmente condicionado al temor a los caballos.

Es bien sabido que, especialmente en los niños, muchas fobias decaen y desaparecen después de unas cuantas semanas o meses. La razón parece ser que en el curso ordinario de la vida estímulos fóbicos generalizados pueden evocar respuestas suficientemente débiles para ser inhibidas por otras respuestas emocionales simultáneamente aparecidas en el individuo. Tal vez este proceso fue una verdadera fuente de curación de Hans. Las interpretaciones pudieron haber sido irrelevantes a incluso pudieran haber retrasado la curación añadiendo nuevos stress y nuevos temores a los ya existentes. Pero ya que Hans no parece haberse sentido muy preocupado por la interpretación, parece más probable que la terapia realmente le ayudó, porque los estímulos fóbicos eran una y otra vez presentados al niño en una variedad de contextos emocionales que posiblemente inhibieron la ansiedad y por consiguiente disminuyeron su fuerza de hábito. La gradualidad de la curación de Hans está acorde con una explicación de este tipo.

No estamos más cerca de encontrar una evidencia aceptable en pro de las especulaciones de Freud sobre los complejos de Edipo, los temores de castración y la primitiva sexualidad infantil. Estos términos han penetrado la conciencia pública, y son ampliamente utilizados para sazonar escritos y conversaciones de literatos y otras personas sin base científica, pero entre los psicólogos que exigen una cierta clase de evidencia en soporte de las aseveraciones fácticas queda ya muy poca fe en la validez de estos conceptos freudianos.

Freud consiguió persuadir a gentes muy inteligentes a través de la solidez de sus argumentos, así como el que sus métodos llegaran a ser tan corrientemente usados y aplicados en el tratamiento de las neurosis y de otras enfermedades. Será tarea de los historiadores de la ciencia explicar cómo llegó a suceder todo esto. Me parece que tiene más de una conversión religiosa que de una persuasión científica, que está basado en la fe y en la credulidad más que en hechos y experimentos, y fundamentarse más en la sugestión y en la propaganda que en la prueba y la comprobación. ¿Es que hay, de hecho, alguna evidencia experimental en favor de la idea freudiana?.

El origen de “La transferencia” Caso Dora

 El caso de Dora.

El relato del tratamiento psicoanalítico de Dora es particularmente interesante ya que con él Freud descubrió la transferencia. Con el caso de Dora quiso ver cumplida su teoría del origen sexual de los síntomas histéricos y del papel desempeñado por los sueños en representar estos síntomas.

Los psicoanalistas nos dicen que cuando todo parecía desarrollarse como Freud había previsto, Dora abandonó abruptamente el tratamiento. De este fracaso terapéutico extrajo Freud, sin embargo, valiosas enseñanzas. Al analizar el caso a posteriori, Freud fue lo suficientemente intuitivo para darse cuenta de que una resistencia en conexión con un proceso de transferencia había estado operando sin él haberla notado.  Freud concluyó que, de haber identificado este obstáculo a su debido tiempo, hubiera sido capaz de interpretarlo y por tanto de haber prevenido la interrupción del análisis por su analizada. De este modo Freud afirmaría que «la transferencia, destinada a ser el mayor obstáculo del psicoanálisis, se convierte en su más poderoso auxiliar cuando el médico consigue adivinarla y traducírsela al enfermo».

Pero lo que no se cuenta es que Dora, quien su nombre real era Ida Bauer abandonó  por otras razones. Freud publicaría su caso posteriormente sin su consentimiento, lo que provocaría la indignación de la comunidad médica vienesa. Por razones de confidencialidad, Freud alteró ciertos datos, camufló otros y usó el seudónimo Dora en lugar del nombre real de su analizada.

Sabemos que la actitud del psicoanalista ante sus pacientes es el de actuar con una aparente falta de simpatía,  frialdad, y ausencia de simples sentimientos humanos.  Quienes consideran la psicoterapia freudiana como una bienintencionado y bondadoso  terapeuta  que ayuda a sus pacientes en sus dificultades, calma sus temores y es generalmente comprensivo, deberían considerar un caso particular relatado por el mismo Freud, concretamente el de «Dora».

La enferma era una brillante y atractiva mujer que acudió a Freud a la edad de dieciocho años, por sufrir desmayos, con convulsiones y delirios, catarros, pérdidas ocasionales de la voz, dificultades de respiración, y una pierna a rastras. Los síntomas sugieren un síndrome orgánico, y, en efecto, Dora había crecido junto a un padre tuberculoso que había contraído la sífilis antes de engendrarla, y tanto el padre como la hija manifestaban virtualmente idénticas molestias asmáticas. Freud se mostró de acuerdo con Dora cuando ella le pidió que tomara en consideración la base sifilítica de sus problemas. El le explicó que cada neurosis encuentra una «anuencia somática» en alguna condición subyacente, y afirmó que, según su experiencia clínica la sífilis de un padre es, por lo regular, «un factor muy relevante en la etiología de la contribución neuropática de los hijos».

A pesar de tal presumible origen orgánico de sus molestias, consideró a Dora como otra mujer sin voluntad, que exhibía «una conducta intolerable» y un taedium vitae que probablemente no era del todo genuino. Sin un adecuado examen, Freud diagnosticó que Dora era una neurótica tan pronto como le describió sus síntomas, y el aspecto orgánico de la tos de Dora, según él, era sólo su «estrato más bajo», actuando como «el grano de arena alrededor del cual una ostra forma su perla». En consecuencia, no se preocupó de los síntomas orgánicos o de las indicaciones de la enferma, sino que procedió en la suposición de que la única esperanza de curación radicaba en deshacer las evasiones dela paciente. Segúnparece, Freud ni siquiera se molestó en someter a Dora a un rutinario examen físico, sino que la sometió a una extraordinaria campaña de hostigamiento mental.

Freud trató a Dora como un adversario mortal. La acorraló a gritos, le puso trampas, la empujó hasta los rincones del estudio, la bombardeó con sus interpretaciones, no le dio cuartel, fue tan intratable, a su manera, como cualquier miembro del siniestro círculo familiar de la enferma, fue demasiado lejos y finalmente la echó. (Dora huyó de los análisis a los tres meses). Como ejemplo, consideraremos la reacción de Freud cuando Dora le dijo que recientemente había sufrido un ataque de apendicitis. Él lo negó bruscamente y perentoriamente decidió que la apendicitis había sido, en realidad, una preñez histérica que expresaba sus inconscientes fantasías sexuales. Consideró que sus síntomas asmáticos estaban relacionados con la idéntica condición de su padre, pero sólo en el sentido de que ella debió haberle oído jadear en un acto de copulación. Sus toses, según Freud, no eran más que una tímida canción de amor femenina. En la sensual mente de Freud, las vaporosas especulaciones eróticas eran de mayor interés diagnóstico que los signos manifiestos de enfermedad mayor.

Freud, que adopta es tremendamente severo con Dora. Una de las quejas de la enferma, evidentemente justificada, era que su galanteador padre estaba animando tácitamente al padre de su amante para que se insinuase a ella… una situación en la que la parte menos culpable era ciertamente la sorprendida y asustada muchacha. Pero Freud se empeñó en demostrar que los problemas de Dora eran causados principalmente por su propia mente. Cuando se enteró, por ejemplo, de que años atrás ella se había asqueado al ser sexualmente agredida por ese «hombre, todavía joven y poseedor», él concluyó: «En esa escena… la conducta de esa muchacha de catorce años ya fue entera y totalmente histérica. Yo consideraría una persona incuestionablemente histérica aquella que ante una situación de excitación sexual experimenta sentimientos que fueran preponderantemente o exclusivamente desagradables; y pensaría lo mismo tanto si esa persona fuera capaz o no de presentar síntomas somáticos».

Freud estaba convencido de que las mujeres con problemas neuróticos eran casi ciertamente masturbadoras, y que no se podía conseguir progreso alguno hasta que se había conseguido una confesión en tal sentido. Aceptando como axiomática la ley de Fliess de que la enuresis periódica es causada por la masturbación, obligó a Dora a admitir que en su infancia se había hecho sus necesidades en la cama hasta pasados los diez años, y sugirió que su catarro, también, «aludía primariamente a la masturbación», y asimismo sus molestias estomacales.

Otro ejemplo de la necesidad obsesiva de Freud de encontrar una explicación sexual para cualquier motivación de la conducta ocurrió cuando él observó que su manía de arrastrar la pierna debía indicar la preocupación de que su preñez imaginaria (imaginada sólo por Freud bajo la enérgica protesta de Dora) era un «paso en falso». Muchos otros absurdos pueden encontrarse en el relato del caso hecho por Freud, donde claramente atribuye a Dora interpretaciones que concuerdan mejor con los complejos del propio Freud. Esos son sólo unos pocos ejemplos de la manera en que Freud trató a Dora. Con esto nos podemos ya imaginar cómo una tal conducta por parte del analista afectaría a una chica emocionalmente inestable de dieciocho años, creciendo en un extraño círculo familiar, sin ayuda por parte de su padre, y perseguida por un hombre libidinoso y agresivo que era amigo de su padre. En vez de encontrar la esperada ayuda y simpatía, halló un adversario hostil y testarudo cuya única finalidad parecía ser humillarla y atribuirle motivos y conductas que le eran totalmente ajenos. Si esto es un prototipo de la fórmula freudiana, entonces no puede sorprender que a menudo sólo sirva para empeorar al enfermo, más que para mejorarle.

La historia del Hombre de los Lobos.

Serguéi Konstantínovitch Pankéyev o mejor conocido como el caso del hombre de los lobos, es el  caso mas  citado como uno de los más notables éxitos de Freud, y él mismo así lo creía. Sesenta años después de su tratamiento por Freud, el Hombre Lobo fue interrogado durante un largo período de tiempo por un psicólogo y periodista austríaco, Karin Obholzer, y el libro que resultó de esas entrevistas es de un interés absorbente para quien desee juzgar por sí mismo las pretensiones de Freud. Debe recordarse que Freud publicó sólo seis historias de casos extensos, y no analizó él mismo más que cuatro de los casos en cuestión. El Hombre Lobo derivó su nombre de un sueño extensamente analizado por Freud:

 “Soñé que era de noche y que estaba acostado en mi cama. Mi cama estaba instalada con las patas hacia la ventana; enfrente de la ventana había una hilera de viejos nogales. Sé que era invierno cuando tuve ese sueño, y era de noche. Subitámente la ventana se abrió por sí sola, y me quedé horrorizado al ver unos cuantos lobos blancos que estaban sentados encima del gran nogal enfrente de mi ventana. Había seis o siete de ellos. Los lobos eran completamente blancos, y parecían más zorros o perros pastores, pues tenían largas colas como los zorros y sus orejas enhiestas como los perros cuando escuchan algo atentamente. Atemorizado de ser comido por los lobos, chillé y me desperté”

El paciente tuvo ese sueño a la edad de cuatro años, y de él dedujo Freud la causa de su neurosis. Según Freud, el sueño ha sido inspirado por una experiencia de la primera infancia, que fue la base para los temores de castración del paciente; a la edad de dieciocho meses, había caído enfermo de malaria y durmió en la alcoba de sus padres en vez de en la de su nodriza, como de costumbre. Una tarde, «él contempló un coito a tergo, tres veces repetido», en el que pudo ver «los genitales de su madre así como el órgano de su padre». En la interpretación que Freud hace del sueño en esta escena, los lobos blancos representan la ropa interior de los padres.

Según Freud, esta escena originaria produjo un deterioro en las relaciones del paciente con su padre. El se identificó con su madre, la mujer cuyo estado «castrado» observó a tan temprana época de desarrollo. No obstante, el paciente reprimió sus inclinaciones homosexuales, y esta compleja condición se manifestó con el mal funcionamiento de la zona anal. «El órgano con el cual su identificación con las mujeres, su pasiva actitud homosexual hacia los hombres podía expresarse por sí mismo era la zona anal. Los desarreglos en el funcionamiento de esa zona habían adquirido una significación de impulsos femeninos de ternura, y los retuvieron también durante su posterior enfermedad». Se supuso también que esto era la causa de las largas y continuadas «dificultades intestinales» del paciente, que impedían las evacuaciones espontáneas durante períodos de meses, en ocasiones. Fueron relacionados por Freud con las dificultades y problemas que el paciente tenía con el dinero:

En ocasión de su posterior enfermedad, esas relaciones (con el dinero) fueron perturbadas hasta un grado particularmente severo y tal factor no fue el menor de los elementos en su falta de independencia y en su incapacidad para enfrentarse con la vida. Habíallegado a ser muy rico gracias a legados de su padre y su tío; era obvio que concedía una gran importancia a ser considerado rico, y podía sentirse muy ofendido si era infravaluado en ese respecto. Pero no tenía ni idea de cuánto poseía, ni cuáles eran sus gastos, ni de cuánto dinero le quedaba.

El segundo problema que vio Freud fue la perturbada relación del Hombre Lobo con las mujeres; el Hombre Lobo se sentía atraído por las criadas y se enamoraba obsesivamente cuando veía a una mujer en cierta posición (la adoptada por su madre en la escena capital antes descrita). En conjunto, Freud concluyó que el Hombre Lobo sufría de neurosis obsesiva, y fue tratado por ese desarreglo así como por otros rasgos depresivos descritos en el libro de Freud. Después de cuatro años de análisis, y de un re-análisis llevado a cabo algún tiempo después a causa de un recrudecimiento de los síntomas, el Hombre Lobo fue dado de alta por Freud como curado. Pero poco tiempo después sintió la necesidad de un nuevo análisis y fue tratado por Ruth Mack Brunswick, durante cinco meses la primera vez, y luego, después de dos años, irregularmente durante varios más. Para los psicoanalistas, el tratamiento y su resultado están considerados como relevantes e impresionantes éxitos del psicoanálisis.

¿Qué tenía que decir el mismo Hombre Lobo sobre ello?.

Obholzer comienza la serie de conversaciones con el Hombre Lobo, citándole: «Usted sabe, me siento tan mal, he tenido tan terribles depresiones últimamente… Usted pensará probablemente que el psicoanálisis no me hizo ningún bien». Según las investigaciones realizadas por Karin Obholzer, la historia fue muy distinta. No sólo Pankeyév nunca se curó, sino que siguió siendo tratado por otros psicoanalistas hasta su muerte y su estado durante ese transcurso empeoró considerablemente. Pankeyév cobraba un sueldo mensual a cargo de la Fundación Sigmund Freud con el propósito de mantenerlo oculto en Viena para que el fraude no se hiciera público. Freud no hizo nada por la salud mental del enfermo o sus síntomas; ambas continuaron con sus altibajos durante esos sesenta años, después de haber sido dado por «curado» por Freud, como si no le hubiera tratado en absoluto.

Es bien sabido que Freud acusó a los terapeutas que usaban otros métodos de tratamiento de provocar recaídas, y declaró que su método era el único que, al eliminar los complejos subyacentes, no estaba sujeto a tales recaídas. Pero el caso del que él se sentía particularmente orgulloso y citaba repetidamente como ejemplo del valor terapeútico del psicoanálisis, fue gratificado con repetidas reapariciones de los síntomas originales, con muy serias recaídas y, en general, con una continuación del mal del que Freud declaró a su paciente como «curado».

Surge el diagnóstico de la homosexualidad reprimida como causa de la enfermedad paranoica”

Caso Schreber.


El grado excesivo de especulación que Freud introdujo en la tarea de interpretar los sueños, palabras y actos de los pacientes queda claramente revelado en su estudio de un magistrado alemán, Daniel Paul Schreber. Esto tiene su interés, no sólo a causa de la fama que alcanzó al sugerir la homosexualidad como rasgo causal en la paranoia, sino también porque muestra cuán fácilmente Freud negligió sus propios preceptos. Para la comprensión de los síntomas y enfermedades de los pacientes, precisaba el análisis detallado y la interpretación de los sueños y otros hechos, en la línea de la libre asociación; no obstante, en este caso, ni siquiera llegó a ver al enfermo y se basó exclusivamente en las memorias escritas por el mismo Schreber, un hombre de gran inteligencia y capacidad, pasó diez años en instituciones frenopáticas a consecuencia de una grave enfermedad mental. Después de curarse publicó una larga narración de sus desvaríos, pero omitió datos sobre su familia, su infancia, y la historia de su vida antes de su internamiento… todo lo que uno hubiera considerado como esencial desde el punto de vista de una interpretación psicoanalítica. El mismo relato de la enfermedad no mencionaba su desarrollo cronológico sino que se limitaba a mencionar la forma final que adoptó. Más decepcionante aún es el hecho de que los editores censuraron la parte de los escritos de Schreber que hubiera sido la más importante desde el punto de vista psicoanalítico.

No obstante, muchas ideas ilusorias permanecen en estos escritos. Así Schreber explica cómo conversaba con el sol, los árboles y los pájaros; cómo le hablaba Dios en alemán antiguo; cómo casi todos los órganos de su cuerpo habían sido cambiados; cómo iba a llegar el fin del mundo, y cómo Dios le había escogido a él para salvar ala Humanidad. Freud se concentró en dos ilusiones particulares que le parecieron fundamentales: la creencia de Schreber de que él se hallaba en el proceso de ser cambiado de hombre a mujer, y su queja de haber sufrido ataques homosexuales de parte del neurólogo Flechsig, que le había tratado en primer lugar.

Apoyándose en una base tan precaria, Freud asumió que una homosexualidad reprimida era la causa de la enfermedad paranoica de Schreber y esto lo aplicó a todas las enfermedades paranoicas, declarando que eran debidas a una homosexualidad reprimida. Según Freud, el papel del objeto del amor homosexual que era la causa, fue interpretado primero por el padre de Schreber, luego por Flechsig, y finalmente por Dios, o el sol. Freud sostuvo que los orígenes de esta condición, se remontaban a un conflicto de Edipo en la infancia, enla cual Schreber, por miedo a la castración, había sufrido una fijación de sumisión sexual a su padre. Este deseo inconsciente fue ocultado por el adulto Schreber mediante una serie de mecanismos psicoanalíticos de defensa. Esto trajo como consecuencia la conversión en lo opuesto: odio; y luego en la proyección y desplazamiento del odio, lo que le llevó a la creencia de que los demás le odiaban. Así tenemos una cadena de complejos de los que los psicoanalistas llaman proyecciones. El paciente niega la frase «Le amo» y la sustituye por «No le amo», «Le odio», «Porque él me odia y me persigue».

Freud construía grandiosos esquemas y teorías sobre bases fácticas tan pequeñas y poco fiables… ¿cómo podían tomarse como hechos las vagas memorias de un esquizofrénico, enmendadas por un editor que suprimió muchos hechos importantes, y no remitirse a las etapas de la enfermedad que había precedido a la crisis?. Y aún más, ¿cómo podría comprobarse una teoría de clase tan compleja?: Los hombres de ciencia tienen derecho a especular y a formular nuevas teorías, pero en el caso de Freud la relación de los hechos con la especulación es irracionalmente pequeña, y el caso de Schreber ilustra mejor que nada él abismo entre los hechos y la teoría.

Nace el mito de la curación por catarsis.

Anna O no era, de hecho, un paciente psiquiátrico; sufría una grave enfermedad física, y la supuesta «cura» no fue tal cura en absoluto. Bertha Pappenheim, una joven de buena familia y con talento, cuyo caso fue luego homologado bajo el pseudónimo de «Anna O. ».

Freud la relajó bajo los efectos de la hipnosis y la animó a que hablara sobre cualquier cosa que se le ocurriera, la aparente fuente de todas las «terapias parlantes ». Después de mucho tiempo la muchacha tuvo una fuerte reacción emocional al relatar un doloroso incidente que ella había aparentemente reprimido en su subconsciente; a consecuencia de esta catarsis,  sus síntomas desaparecieron. (Como después veremos, este relato, publicado conjuntamente por Freud y Breuer en «Estudios sobre la Histeria», estaba profundamente equivocado. La muchacha sufría una grave enfermedad física, y no, en absoluto, una neurosis, y no fue en modo alguno «curada» por el método de la catarsis que se le administró. Los hechos, como en muchos otros casos publicados por Freud, eran muy diferentes de lo que él dijo).

Anna era una muchacha de veintiún años cuando Breuer fue requerido para quela atendiera. Habíacontraído una enfermedad mientras cuidaba a su padre enfermo, y en opinión de Breuer el trauma emocional conectado con su enfermedad y eventual fallecimiento fue la causa que precipitó sus síntomas. Breuer la trató con la nueva «terapia parlante», que sería adoptada más tarde por Freud ya que la mujer de Breuer se sintió celosa de la atracción que sobrevino entre Breuer y Bertha, de manera que Breuer interrumpió el tratamiento, llevando a su mujer a Venecia para una segunda luna de miel.

Freud, continuó trabajando con este método, sustituyendo la hipnosis con la técnica de la libre asociación, es decir, tomando como punto de partida acontecimientos de los sueños de sus pacientes, y estimulándoles a que dijeran lo primero que acudiera a sus mentes al pensar en cosas particulares de los sueños. (Este método de la libre asociación había sido elaborado por Sir Francis Galton, el célebre polígrafo inglés y uno de los fundadores de la Escuela de Psicología de Londres)

Breuer y Freud aseguraron que los síntomas que afligían a Anna habían sido «permanentemente eliminados» por el tratamiento catártico, pero las notas del caso se hallaron recientemente en el Sanatorio Bellevue, en la ciudad suiza de Kreuzlingen. Las notas en cuestión contenían la prueba definitiva de que los síntomas que Breuer aseguraba haber eliminado continuaban presentes mucho tiempo después de que Breuer hubiera cesado de ocuparse de ella.

Los síntomas habían comenzado con una «tos histérica», pero pronto empezaron a producirse contracciones musculares, parálisis, desmayos, anestesias, peculiaridades de la visión y muy extrañas alteraciones del habla. Nada de esto fue curado por Breuer, sino que continuó mucho tiempo después de que él hubiera dejado de tratarla.

Anna O. no sufría de ninguna neurosis, sino de meningitis tuberculosa; La enfermedad sufrida por el padre de Bertha (el verdadero nombre de Anna era Bertha Pappenheim) era un absceso sub-pleurítico, una complicación común de la tuberculosis pulmonar, entonces muy extendida en Viena. Ayudando en los cuidados al enfermo y pasando muchas horas a la cabecera de su cama, Bertha estaba expuesta ala infección. Además, ya en 1881 su padre había sufrido una operación, probablemente incisión del absceso e inserción de una sonda; esta intervención le fue practicada a domicilio por un cirujano vienés. El cambio de ropas y la evacuación de las secreciones purulentas ciertamente originaría la diseminación de los organismos infecciosos. La muerte del padre a pesar de todos los cuidados indicaría la existencia de una virulenta corriente del organismo invasor.

La interpretación de esa enfermedad muy real en términos psicológicos, y la pretensión de haberla curado es un absurdo que ilustra la irresponsabilidad que puede llegar a cubrirse con el nombre de psicoterapia. Thornton, en su libro «Freud y la Cocaína», dedica muchas páginas a este caso y deja perfectamente claro que Freud dio una versión completamente falsa de este asunto, y que ocultó el hecho de que la chica no había sido curada por el método «catártico»… un hecho que él conocía bien. Este simple hecho hace pensar; los historiales de casos, aun cuando insuficientes para demostrar una teoría, pueden ilustrar la aplicación de un método de tratamiento.

Los grandes fraudes del Psicoanálisis. La historia oculta detrás de sus casos clínicos.

“Sobre el cómo surgió la Teoría de la Fantasía”

Emma Eckstein  es quizá uno de los casos más ocultos por Freud y Fliess.

Emma conoce a Freud a los 27 años cuando acude a él  para aliviar el dolor de estómago producto natural de su menstruación y así como también por leves sangrados por la nariz.

En Terapia psicoanaitica Freud la diagnostica con “síntomas histéricos” con reflejo de neurosis nasal.

Esto se  derivaban según el analisis de Freud,  por  los abusos sexuales que le sucedieron en la infancia, manifestando un trauma reprimido que en realidad podría ser la causa de su neurosis: “A la edad de ocho años, fue entró dos veces en una tienda de comestibles para comprar dulces y el hombre que atendía la tienda había puesto su mano a través de la tela de su vestido en los genitales. “

Freud relacionaba la nariz con los genitales y es por eso que la paciente según Freud y Fliess, presenta los sangrados por la nariz.

Fliess había estado tratando el reflejo de neurosis nasal en sus propios pacientes utilizando  cocaína como anestésico local, observando que tras el tratamiento sus pacientes se encontraban menos deprimidos. Fliess conjeturó que si la cauterización era útil temporalmente, la cirugía rendiría resultados permanentes. Comenzó entonces a experimentar con un método de intervención quirúrgico para suprimir supuestos “nervios sexuales en la nariz” de los pacientes diagnosticados con el trastorno, incluyendo a Emma Eckstein.

Sin embargo, no existe ninguna relación entre el tacto y el hecho de que la joven se masturba compulsivamente, una práctica que Freud y Fliess considerar en cambio, como causa del brote de las enfermedades neuróticas. Para Fliess, la única manera de remedio es recurrir a la cirugía en la nariz del paciente , que consideraba la ubicación física de un desplazamiento de sus problemas sexuales. En febrero de 1895 Fliess se trasladó a Viena, a petición de Freud, para realizar la intervención quirúrgica en la nariz de Eckstein.  Fliess lleva la operación a fin de que Emma tenía varias hemorragias en la que casi muere. Después de dos días, la paciente sufrió infecciones  terribles, abundantes hemorragias y  dolor intenso. Alarmado,  Freud llamó a Ignaz Rosanes, un reputado cirujano vienés antiguo compañero de escuela de Freud (Fliess ya había regresado a Berlín). Cuando Rosanes llegó al apartamento de Eckstein la paciente sangraba por la nariz y la boca y había  un olor fétido muy intenso. Durante la inspección, Rosanes descubrió y sacó medio metro de gasa quirúrgica impregnada de yodo en la cavidad nasal que Fliess había olvidado.

Para no poner en peligro a su amigo, Freud prohibió  la divulgación de su propia verdad, y  a continuación, se involucra en una contorsión semántica auténtica que conducen al desarrollo de su teoría de la fantasía. En ella expone que durante el análisis surgen estas fantasías que son el fruto de la imaginación del paciente.

Divulgó que el sangrado Emma no tenía nada que ver con la cirugía desastrosa, si no que fue de “origen histérico, causado por los deseos incumplidos que se produjeron probablemente durante los períodos favorables sexual”. .

Las fosas nasales de Eckstein resultaron tan dañadas que terminó desfigurada permanentemente de la cara. Freud atribuyó inicialmente este daño a la cirugía sosteniendo que las lesiones y la hemorragia tenían origen en la histeria. Aseguró que su cara había quedado desfigurada a causa de “fantasías masturbatorias” que Emma sentía por él.