La historia de “Totem y Tabú” y sus repercusiones en la diversidad cultural.

Es imposible negligir la influencia de la propia historia de Freud y de su personalidad en sus teorías. A partir de sus propias percepciones de su realidad y de los que considera sus “atacantes” es como inventa  «Totem y Tabú», Si queremos comprender las teorías freudianas, es necesario hacerlo como una presentación de sus propios sentimientos y complejos; esta opinión, de hecho, encuentra respaldo en los escritos de bien conocidos psicoanalistas. Así, Robin Ostow sostiene que «Totem y Tabú» debe ser «leído como una alegoría sobre Freud, sus discípulos, y el movimiento psicoanalítico». He aquí lo que dice Ostow;

Las características personales del padre primitivo representan muchos de los propios rasgos de Freud. Muchos de los puntos básicos del drama primitivo son observables tanto en la evolución del movimiento psicoanalítico como en los temores y fantasías de Freud sobre su futuro personal y el de sus teorías y organización. Adler y Stekel eran dos de los hijos mayores que Freud exilió dela horda… La fantasía de Freud sobre ser desmembrado e incorporado por esos creativos y agresivos jóvenes parece contener un cierto temor y una cierta cantidad de placer masoquista. El ve su última reemergencia, con un control personal sin precedentes sobre un grupo de hijos espirituales, ahora cooperativos, afectuosos y arrepentidos, pero sin individualizaciones… Freud se imaginaba a sí mismo como el tótem de las posteriores generaciones de psicoanalistas; se llamarían freudianos, le reverenciarían y funcionarían en una organización ordenada.

E. Wallace, que ha estudiado muy detalladamente la dependencia de las teorías freudianas en la propia historia personal de Freud, añade unos cuantos puntos más. Insiste que entre los factores causales para escribir «Totem y Tabú» estaban el conflicto del padre de Freud y, también, sus problemas con Jung, que se rebelaba contra la preeminencia de Freud. El mismo Freud admitió que su vida intrapsíquica se caracterizaba por la ambivalencia hacia su padre, un conflicto que se acusó claramente en varios síntomas. Wallace continúa así:

Podemos ver de varias maneras la relación entre el propio padre de Freud y la hipótesis del parricidio. Por una parte, por elevar su dinámica personal (el conflicto del padre) al nivel de un universal filogenético. Freud pudo distanciarse de su rabia patricida (que había sido reactivada por el rebelde Jung). Por otra parte, al calificarlo de hecho primitivo de la historia del mundo, expresaba la importancia del mismo en su propia vida psíquica. La caracterización del parricidio primitivo como una herencia irrevocable del conocimiento parcial de Freud sobre su propia dinámica… la fatal inevitabilidad de que debía revalidar el conflicto de su padre y sufrirla culpabilidad. Además esta hipótesis debe haber sido una manera de retirar una atribución previa de culpabilidad a los padres (cuando revivía sus fantasías histéricas), es decir, eran los hijos, no los padres, quienes habían cometido el crimen. En todo caso, el elemento de formación de compromiso es bastante claro, pues describiendo al padre primitivo como un brutal tirano, Freud podía, en un sentido, justificar los sentimientos asesinos de los hijos.

Si esto es verdad, ¿por qué tantos historiadores y antropólogos se precipitaron a interpretar su material según los esquemas freudianos?, La respuesta, probablemente, radica en el viejo deseo humano de obtener algo a cambio de nada.

Lo que ha sido dicho sobre la «psico-historia» freudiana puede igualmente decirse, y en términos aún más enérgicos, sobre la contribución de Freud ala antropología. La teoría de Freud en este campo, que está bosquejada en «Totem y Tabú», es demasiado conocida para precisar una amplia presentación. Según el retrato hecho por Freud, el hombre empezó su carrera cultural bajo la forma de una organización social en la cual un solo patriarca gobernaba a toda la tribu de una manera dictatorial, ejerciendo un dominio sexual exclusivo sobre sus hermanas e hijas. Conforme el patriarca se fue haciendo más débil y sus hijos más fuertes, esos jóvenes sexualmente excluidos, organizaron el asesinato de su padre, le mataron, y se lo comieron. Sin embargo, los hermanos quedaron entonces turbados por su culpabilidad, y reprimieron su deseo de tener relaciones sexuales con sus madres, hermanas e hijas. Al mismo tiempo, trataron de expiar el asesinato y la orgía canibalística creando el mito del Tótem, el símbolo animal de su padre, que desde entonces fue considerado tabú como alimento, excepto en ocasiones rituales. En este sentido, el parricidio inicial, ayudado por huellas de memoria hereditaria en el « inconsciente racial» dio origen al complejo de Edipo, tabú incestuoso del núcleo familiar, a la exogemia de grupo, al totemismo y a muchos otros rasgos de la civilización primitiva.

Freud usó este anacrónico marco en un intento de abarcar el problema de la diversidad de culturas. Igual que hizo con su teoría del desarrollo de la infancia con sus series de etapas, estableció la ecuación de personalidad salvaje con personalidad infantil, siendo cada individuo moderno como una recapitulación de la evolución de la cultura, por el paso a través de varias etapas de progreso haciala madurez.

Ciertas culturas, como algunos individuos, sufren un paro en su desarrollo en diversos puntos por falta de «civilización» (madurez). Este es un cuadro sobrecogedor, pero completamente ayuno de evidencia, de semejanza con hechos históricos, de lógica, o de metodología aceptable. Boas, tal vez el más prominente antropólogo de su tiempo, dijo lo siguiente sobre las especulaciones de Freud.

Franz Boas

Así pues, mientras debemos agradecer la aplicación de todo progreso en el método de la investigación psicológica, no podemos aceptar como progreso en el método etnológico la enajenación de un nuevo método unilateral de investigación psicológica del individuo a través de fenómenos sociales el origen de los cuales puede demostrarse que está históricamente determinado y está sujeto a influencias que no son en absoluto comparables con las que controlan la psicología del individuo.

Malinowski

A esta crítica siguió el importante trabajo empírico de Malinowski, que apareció para refutar la universalidad del complejo de Edipo. Como demostró, los isleños de Trobriand vivían en una cultura en la cual era el hermano de la madre, no el padre del niño, la figura dela autoridad. Esto significaba que la disciplina represiva no se originaba en el hombre que monopolizaba sexualmente a la madre del niño, privando así a la relación padre-hijo de los rasgos ambivalentes de amor-odio que Freud había (según él) observado en sus pacientes europeos.

Margaret Mead

Otro clavo en el ataúd de las teorías de Freud en cuanto se relacionan con la antropología debía ser el trabajo de Margaret Mead, que desarrolló sus estudios sobre el terreno en Samoa. Boas le encargó la tarea de destruir la noción de una naturaleza humana, estrechamente fijada, racial o panhumana hereditaria. Para seguir este mandato ella acentuó en sus escritos que entre los samoanos la adolescencia no es una época de tensión, que el niño no es necesariamente más imaginativo que los adultos, que las mujeres no son necesariamente más pasivas que los hombres, etc. Desgraciadamente, su trabajo era de tan baja calidad y tan contrario a los hechos, que Derck Freeman pudo recientemente demostrar en su libro «Margaret Mead y Samoa» que en prácticamente cada detalle su relato contradice el de todos los demás antropólogos que han estudiado la cultura samoana.

Pero el punto sobre el que deseamos insistir ahora es que esta impresión de completa diversidad de varios grupos humanos es creada, en gran parte, por el complejo de Edipo, es decir, el complejo de Edipo de los antropólogos, o psiquiatras, o psicólogos. No sabe qué hacer con su propio complejo de Edipo… por consiguiente scotomiza una clara evidencia para el complejo de Edipo, aún cuando su formación debiera permitirle verlo…

Esta represión del complejo de Edipo es complementada por otra tendencia preconsciente, la del nacionalismo. La idea de que todas las naciones son completamente diferentes la una de la otra y de que el objeto de la antropología es simplemente descubrir cuán diferentes son, es una manifestación tenuemente velada de nacionalismo, la contrafigura democrática de la doctrina racial nazi o de la doctrina de clases comunista.

Sabemos que todos los que abogan por el estudio de las diferencias son gentes bienintencionadas y que conscientemente están en favor de la hermandad de la Humanidad. El slogan de la «relatividad cultural» se supone que significa justamente esto. Pero desde el punto de vista de la psicología las actitudes humanas proceden de una formación de compromiso de dos tendencias opuestas y conozco el significado de la formación de reacción: «Tú eres completamente diferente, pero yo te perdono», a esto es a lo que se llega. La antropología se halla en peligro de ser llevada a un callejón sin salida al ser sometida por una de las más antiguas tendencias de la Humanidad, la del grupo interior contra el grupo exterior.

En otras palabras, cuando tú no estás de acuerdo conmigo, tú te equivocas porque lo que tú dices es un producto de un complejo de Edipo reprimido, por consiguiente no tengo que responder a tus objeciones fácticas. Esto, debe decirse, no es una buena actitud para la promoción del acuerdo científico.

El análisis psico-cultural hecho por los freudianos usa esencialmente los mismos métodos de análisis que la «psico-historia», y está sujeto, esencialmente, a las mismas críticas. Tienen la tendencia a interpretar supuestos hechos basados en causas hipotéticas que en los hechos reales son irrelevantes o no existentes. El primero de ellos es «El Caso del Esfínter Japonés». La noción freudiana de que la personalidad adulta está estrechamente relacionada con las instituciones de educación de los niños fue utilizada durante la guerra para establecer una relación entre las costumbres del retrete y la supuesta personalidad compulsiva de los japoneses, tal como aparecen en su carácter nacional y en sus instituciones culturales. Geoffrey Gorer, un psicoanalista británico, propuso una hipótesis sobre las costumbres del retrete para explicar el «contraste entre la gentileza de la vida japonesa en el Japón, que encantó a casi todos sus visitantes, y la tremenda brutalidad y sadismo de los japoneses en la guerra». La hipótesis de Gorer asociaba esta brutalidad con «costumbres de severa limpieza en la infancia», que creaban una rabia reprimida en los niños japoneses porque estaban obligados a controlar sus esfínteres antes de haber adquirido el adecuado desarrollo muscular e intelectual. Una sugerencia parecida se hace en el libro de Ruth Benedict «El Crisantemo y la Espada», que contiene una afirmación similar sobre lo estricto de las costumbres del retrete en los japoneses, y el ejemplo es considerado como una de las facetas de la preocupación de los japoneses por el orden y la limpieza (un aspecto importante del carácter anal de Freud).

Por atrayentes que estas especulaciones puedan parecer, fueron hechas sin la ventaja de la investigación sobre el terreno, o sin un conocimiento íntimo de las costumbres de retrete impuestas por las madres japonesas. Cuando tal investigación fue llevada a cabo después de la guerra, pronto se apreció que se había cometido un serio error con respecto a la naturaleza de las costumbres de retrete japonesas; los niños japoneses no estaban sujetos a ninguna clase de severas amenazas o castigos a este respecto, sino que eran tratados de manera muy parecida a los niños europeos o americanos. Además, la rapidez con que los japoneses se adaptaron a su derrota, aceptaron la influencia americana, cambiaron muchos de sus modelos básicos de conducta y tomaron la dirección del movimiento en pro de la paz en Oriente, difícilmente puede confirmar el retrato de tiempos de guerra que enfatizaba su frustración y su brutalidad.

Ahora debemos ocuparnos del «Caso de los Pañales Rusos». Esta hipótesis fue formulada por Gorer y Rickrnan en su estudio del carácter nacional ruso, decía, esencialmente, que el carácter nacional ruso se podía comprender mejor en relación con la manera, prolongada y severamente restrictiva en que los niños rusos eran (supuestamente) enfajados. Gorer sostiene que el enfajado se asociaba con la clase de personalidad maníaco-depresiva correspondiente a la alternativa coacción y libertad experimentadas por el niño ruso, produciendo un cerrado sentimiento de rabia cuando estaba enfajado, contrastando con el alivio ante la súbita libertad cuando se le quitaban los tensos pañales. Se supone que esta rabia se dirige hacia un objeto difuso porque el niño es tratado de una manera muy impersonal y le es difícil relacionar el tratamiento con un atormentador determinado. Entonces la rabia da paso a la culpabilidad, pero de nuevo, en este caso, la emoción es ampliamente distribuida y no puede ser relacionada con una persona en particular.

Con el uso de interpretaciones freudianas de sueños, fantasías o conductas conocidas de una u otra clase, se sugiere que podemos trascender las limitaciones de nuestro material fáctico, y llegar a conclusiones que nos dejan estupefactos en su generalidad. En biología hemos aprendido a construir todo un esqueleto de algún difunto dinosaurio a partir de unos cuantos huesecillos y fragmentos de dientes: el psicoanálisis acaricia la esperanza de que podamos hacer lo mismo en historia y en antropología… “dadnos sólo unos cuantos fragmentos aislados de sueños, conductas o Fehlleistungen, y a partir de esos pocos indicios podemos reconstruir toda una cultura, un acontecimiento de la infancia de una persona, o las causas de un carácter nacional”

Más que eso: si no disponemos de hechos en absoluto, entonces podemos «hacerlos» nosotros mismos, utilizando las sedicentes «leyes científicas» del psicoanálisis para deducir lo que los hechos han debido ser. No necesitamos saber nada sobre los hábitos de los japoneses en el retrete; si Freud nos dice que el riguroso sistema japonés del uso del retrete produce la clase de carácter exhibido por los japoneses durante la guerra, entonces podemos confiadamente afirmar que tal es la clase de disciplina que ellos han debido tener. Es triste que luego nos digan que la disciplina del retrete de los japoneses no era, en nada, parecida a la que presuponían los freudianos, pero esto, al parecer, tuvo muy poco efecto en sus ardores interpretativos. Como ya citamos anteriormente, T. H. Huxley dijo que la gran tragedia de la ciencia era el asesinato de una bella teoría por un hecho feo.

Las teorías freudianas pueden  ser bellas, pero han demostrado ser invulnerables ante cualquier cantidad de evidencia fáctica demostrando su absurdidez. . ¡No se construye una ciencia de esta manera!.

Los psicoanalistas, desgraciadamente, parecen incapaces de comprender la insistencia sobre la evidencia fáctica que es tan característica en los hombres de ciencia; ellos prefieren flotar sobre nubes de interpretaciones nebulosamente basadas en fantasías imaginarías.

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5 thoughts on “La historia de “Totem y Tabú” y sus repercusiones en la diversidad cultural.

    • una “fantasia” que se puede verificar, que es factica, es explicativa, predictiva, metodica, comunicable, se puede observar, y sobre todo, acepta que se le refute y verifique… Parece que es la mejor “fantasia” que tenemos para conocer,, entender, aprender y explicar lo que sucede en nuestro entorno y en nuestra constitucion como ser humano bio-psico-social.

  1. Tan lindo lugar que nos encontramos gracias a la ciencia objetiva, las bombas nucleares son una hermosa replicacion de la ciencia claro si se tiene poder, y una estructura perversa, lo cual solo puede ser explicado gracias a las teorias Freudianas, como la pulsion de muerte, tambien totem y tabu, la retomacion de Lacan a Freud amplia mucho mas el campo psicoanalitico estableciendo al individuo no como individuo sino como un sujeto, un sujeto dividido por el lenguaje, la ciencia no es nada mas que otra historia contada por un tipo determinado de lenguaje, numeros, expresiones algebraicas y demas, en ves de estar criticando obras, porque mejor no dedicamos a crear nuevas que ayuden a la sociedad en la que existimos.

    • ay que con los Freudianos! siempre tan necios cuando se les critica su dios Freud y Lacan…Deberían de saber que hay más libros más allá del aburrido psicoanálisis, que actualmente la psicología está dando grandes pasos gracias a los psicologos evolutivos, a los neurólogos y a los biólogos..La cosa es que esos libros se publican en Inglés, la otra es que en países de America no se publican, y algunos como los Franceses no los aceptan…Oh! pero es que los únicos que siguen en el siglo XIX Freudiano es America Latina y Francia! que raro no cree???? .pero una vez que lo sabes recuerda que nada es imposible si sabes utilizar el internet para estar más actualizado y dejar de satanizar la ciencia como suelen hacerlo los freudianos.

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